Red Mundial Cristiana de Oración "Rezando todos por Todos"

Este es una página Cristiano Católico apostólico romano, netamente de Oración, Amor y Reflexión, el cual esta orientado a la Difusión de la palabra de Jesús, a través del rezo del Santo Rosario y de la Oración por los enfermos y por toda persona que necesite de la ayuda espiritual y sanación por medio de la FE, incluyendo todos los credos religiosos, y a las personas que buscan su crecimiento y desarrollo espiritual, no distingue colores políticos y clases sociales, respetuosos de las personas y entidades.Por lo que se exigirá el debido respeto hacia las personas e instituciones.

Queremos conformar una gran comunidad Mundial de Amor y fe en la Oración a Dios.

 

En Oración Conjunta con grupos:

 

“Red Mundial Cristiana de Oración”

“Red Mundial de Jesús y María”,

“Red Mundial Católica”,

”Dios es Mi Prioridad”,

"El Niño del Pesebre”,

“Misioneros de Jesús Misericordioso”,

”Oración Rancagua”, “Donante Vivo”,

“Mario Pantaleo, Saber Dar”,

“Lluvia de Rosas”, “ Expedigrup- grupo de Oración”,

“Santo Rosario”, “ El Rezo del Santo Rosario en Cadena”,

“ Madre, Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt”

”Hombres Y Mujeres, de Conciencia y recto Corazón”,

” Virgen María Auxiliadora ¡Madre Santísima!,

¡¡Madre de Dios!!”,

“Almas Purgatorio”.

 

Todos Los grupos Creyentes, están incluidos en esta página que une a todos los países del mundo y credos. Por cada una de sus necesidades, de familiares, de amigos y amigos de sus amigos, por los jóvenes, por la unión familiar, por los sacerdotes, por el santo Papa, por nosotros, por los que carecen de alimentos y techo. Por el mundo entero. Por la Paz y Amor entre todos los hombres.En cadena de oración con grupos de: Chile, Argentina, España, Venezuela, Puerto Rico, Italia, Perú, Colombia, México, Santo Domingo, Canadá, Francia, República Dominicana, Uruguay, Panamá, Alemania, Bélgica, Australia, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Alemania, Nueva Zelandia, Australia, Canadá, Estados Unidos, Bolivia, Paraguay, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica

 

1 Timoteo 2 

 Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad. Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad. Porque no hay más que un Dios, y un solo hombre que sea el mediador entre Dios y los hombres: Cristo Jesús. Porque él se entregó a la muerte como rescate por la salvación de todos y como testimonio dado por él a su debido tiempo. Para anunciar esto, yo he sido nombrado mensajero y apóstol, y se me ha encargado que enseñe acerca de la fe y de la verdad a los que no son judíos. Lo que digo es cierto; no miento.

Por qué rezar el rosario?

Usted se preguntará: ¿POR QUÉ rezar el rosario? ¿Qué beneficios me puede proporcionar?

En Fátima, con inmenso pesar, la Santísima Virgen describió a los tres pastorcitos la situación extremamente grave por la que atraviesa nuestra época, cada vez más distante de Dios.

Sin embargo, la Virgen María les aseguró que el rezo diario del santo rosario era el medio para lograr la paz en el mundo.

 

Rezar el rosario es, pues, indispensable para obtener la paz interior en nuestras almas así como en nuestras familias. Para que cesen los conflictos internos de los países y los conflictos entre las naciones.

 

Es por medio del rezo del santo rosario que vendrá, por fin, la paz de Cristo que todos queremos. El remedio propuesto por la Madre de Dios contra tantos males es simple y no le tomará más de diez minutos.

Mucho tiempo antes que las apariciones de Fátima, en plena Edad Media, la Santísima Virgen hizo estas 15 promesas (reveladas al Beato Alano de la Roche) para aquellos que cultiven la devoción por el santo rosario:

 

 1-El que me sirva, rezando diariamente mi rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

 

 2.Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi rosario.

 

 3.El rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

 

 4.El rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo por el amor de Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!

 

 5.El alma que se encomiende por el rosario no perecerá.

 

 6.El que con devoción rezare mi rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada; se convertirá si es pecador, perseverará en la gracia si es justo; y en todo caso será admitido a la vida eterna.

 

 7.Los verdaderos devotos de mi rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia.

 

 8.Quiero que todos los devotos de mi rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

 

 9.Libraré pronto del Purgatorio a las almas devotas del rosario.

 

10.Los hijos verdaderos de mi rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

 

11.Todo lo que me pidan lo alcanzarán por medio del rosario.

 

12.Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi rosario.

 

13 Todos los que recen el rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

 

14.Los que rezan mi rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

 

 

15 La devoción al santo rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

El Rosario es un acto de amor a Santa María.

¿Por qué rezarlo? Porque amamos a María y con el Rosario podemos darle una muestra sencilla, pero profunda, de nuestro filial amor.

 

La tradición de la Iglesia ha recomentado esta oración desde que apareció en el peregrinar del Pueblo de Dios como expresión concreta de piedad filial. Ha sido motivo de numerosas recomendaciones pastorales de obispos y Papas. Entre ellas dos cercanas a nosotros: la Exhortación Mirialis cultus del Papa Pablo VI y la Carta Rosarium Virginis Mariae del Beato Juan Plablo II. Tal vez este mes de Mayo-que en muchos lugares está dedicado a Santa María-sea una buena ocación para revisarlas y nutrirnos de sus enseñanzas y orientaciones.

 

Una oración mariana centrada en Jesús

 

El Rosario es una oración mariana que inmediatamente centra nuestra mente y corazón en el Señor Jesús. Esta sencilla plegaria nos introduce en un ritmo mediativo que nos pone «en comunión vital con Jesús a través-podríamos decir-del corazón de su Madre».

 

En cada Padrenuestro rezamos con las palabras que Jesús mismos nos enseñó y por acción del Espíritu nos unimos a la voz del mismo Hijo; en cada Avemaría reconocemos «el milagro más grande de la histora», la Encarnación del Verbo, y hacemos nuestra confesión de fe de Isabel:"Bendita tú y bendito el futuro de tu vientre, Jesús"; al término de cada decena damos gloria al Padre a través del Hijo en comunión con el Espíritu Santo.

 

Por otro lado, los misterios que vamos anunciando antes de cada denario nos permiten ir meditando en acontecimientos de la vida del Reconciliador de la mano de la Mdre, En la escuela de María nos vamos compenetrando con el Señor Jesús.

 

¿Por qué rezar el Rosario?

Pues porque con la Madre nos acercamos más a Jesús. Y conociendo y amando más intensamente a su Madre. Desde esta óptica, el Rosario es una práctica espiritual que nos ayuda mucho a ir realizando el ideal vivir como verdaderos hijos de María a través del proceso de amorización:"Por Cristo a María y por María más plenamente al Señor Jesús".

 

Es importante señalar que el Rosario nos dispone para una más activa y fructífera participación en los Sacramentos, particularmente en la Santa Eucaristía. Como enseña el Papa Pablo VI, «la meditación de los misterios del Rosario, haciendo familiar a la mente y al corazón de los fieles los misterios de Cristo, puede constituir una óptima preparación a la celebración de los mismo en la acción litúrgica y convertirse después en eco prolongado». La idea es que el Rosario esté entegrado armónicamente en el marco de la oración común de toda la Iglesia.

«En realidad-dice el Papa Benedicto XVI-el Rosario no se contrapone a la meditación de la Palabra de Dios y a la oración litúrgica; más aún, constituye un complemento natural e ideal, especialmente como preparación para la celebración eucarística y como acción de gracias. Al Cristo que encontramos en el Evangelio y en el Sacramento lo contemplamos con María en los diversos momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Así en la escuela de la Madre aprendemos a configurarnos con su divino Hijo y anunciarlo con nuestra vida».

 

Sin embargo integrar el rezo del Rosario a la oración litúrgica de la Iglesia no significa mezclarlo o ponerlo por encima. Esto lo recordaba el Papa Pablo VI cuando señalaba el error presente en algunos lugares de rezar el Rosario durante las celebraciones litúrgicas, por ejemplo durante la Misa. Cada cosa a su tiempo y lugar, según su propia naturaleza.

 

Una oración serena

 

La oración del Rosario tiene como una de sus características el ritmo sereno y pausado. Con la práctica, se va desarrollando una cadencia interior que favorece la meditación y resulta sumamente beneficiosa, especialmente en este tiempo en que no pocas veces nos vemos inmersos en diversas actividades. ¿Cómo no encontrar en esta práctica espiritual un precioso remanso espiritual?

 

Todos nos damos cuenta de que el Rosario es una oración repetitiva en su forma. Para algunos esto puede ser un obstáculo que los aleja de rezarlo. No pocas veces se escucha decir “es muy aburrido… es una oración monótona… no puedo evitar distraerme”. Sin embargo, esa forma externamente repetitiva esconde un gran beneficio. En la oración vocal hay una gran riqueza espiritual que favorece la meditación.

 

El Santo Juan Pablo II señalaba una interesante relación del Rosario con la llamada “oración a Jesús” u “oración del corazón” que se practica en el oriente cristiano. Ésta consiste en la repetición continua de una frase dirigida al Señor buscando estar en comunión con Él, como por ejemplo: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”.

 

El Papa destacaba cómo el ritmo típico de estas plegarias resulta muy adecuado para la interiorización y el recogimiento. En tal sentido, lejos del aburrimiento, se convierte en un camino muy sencillo y práctico de profundización en el conocimiento del Señor Jesús. En el caso del Rosario con mayor razón, pues «nadie mejor que Ella (María) conoce a Cristo, nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio».

 

Es verdad que muchas veces en el desgranar las cuentas del Rosario podemos distraernos. Junto con la necesaria lucha para mantener la concentración debe darse cabida también al ejercicio del silencio de mente que nos ayudará a mantener la mente y el corazón centrados en el Señor y nuestra Madre. Esto requiere paciencia y comprensión con nosotros mismos. Distraerse o perder la concentración no invalida nuestra oración. Retomemos el ritmo y reafirmemos el propósito de ofrecer esta práctica espiritual como un acto concreto de amor a María. Además debemos recordar ―como lo decía el Santo Juan Pablo II―que nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman nuestra vida, la de nuestra familia, nuestra nación, la Iglesia o la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana.

 

Oración personal y comunitaria

 

El Rosario no requiere de grandes preparativos ni de materiales especiales. Esto hace que sea fácil rezarlo de manera personal o junto a otras personas. Los modos en los que se suele rezar son variados y se adecuan fácilmente a las necesidades personales o grupales: «o privadamente, recogiéndose el que ora en la intimidad con su Señor; o comunitariamente, en familia o entre los fieles reunidos en grupo para crear las condiciones de una particular presencia del Señor (ver Mt 18,20); o públicamente, en asambleas convocadas para la comunidad eclesial». En la Iglesia se ha alentado desde antiguo la práctica cotidiana de esta oración, teniéndola como un momento especial de la jornada. Lejos de ser una obligación, poco a poco se va convirtiendo en un momento especial para estar con María. Y con Ella, dejarnos conducir a Jesús.

 

Resulta muy significativo el aliento de los Papas a rezar el Rosario en familia. «En continuidad de intención con nuestros Predecesores ―decía Pablo VI―, queremos recomendar vivamente el rezo del Santo Rosario en familia. El Concilio Vaticano II ha puesto en claro cómo la familia, célula primera y vital de la sociedad “por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia”». Conscientes de que hoy el ritmo de vida muchas veces no favorece los momentos en los que la familia puede estar reunida, se reconoce sin embargo que estar reunida, se reconoce sin embargo en el esfuerzo por hacer un espacio de encunetro familiar para rezar el Rosario una gran riqueza que tendrá efectos muy positivos en la vida espiritual de sus miembros y en la misma vida familiar.

 

 

Conviene recordar finalmente que esta plegaria mariana está enriquecida con la posibilidad de obtener indulgencias plenarias. «Se confiere una indulgencia plenaria si el rosario se reza en una iglesia o un oratorio público o en familia, en una comunidad religiosa o asociación pía». Para ello se deben cumplir, evidentemente, las condiciones propias para lucrar la indulgencia.


"La Paz del Señor este contigo! Que Dios y la Virgen María te colmen de Bendiciones- *RMCO*

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RMCO SALA DE ORACION
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Lecturas del Jueves de la 26 semana del T.O

 

PRMERA LECTURA:

Lectura del libro del Éxodo (23,20-23a)

 

Salmo:

Sal 90,1-2.3-4.5-6.10-11 

 

EVANGELIO:

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-5.10)

 

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