Cuidando de aquellos que tienen necesidad

17 Los pobres y los indigentes buscan agua en vano, su lengua está reseca por la sed. Pero yo, el Señor, les responderé, yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. 19 Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivos silvestres; plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y pinos, 20 para que ellos vean y reconozcan, para que reflexionen y comprendan de una vez que la mano del Señor ha hecho esto, que el Santo de Israel lo ha creado.

(Isaías 41, 17.19-20)

Reflexión

Más allá de nuestro impacto nacional y global, la contribución local que los católicos hacen en cada comunidad, todos los días, es absolutamente notable. Cada ciudad y pueblo tiene sus propias historias, y es casi imposible tener estadísticas confiables de todas las iniciativas católicas de obras de misericordia. Ciertamente falta hacer mucho más, pero sin duda existe una extraordinaria contribución a los pobres.

Ahora imaginate un inmenso letrero en cualquiera de las calles y carreteras del país. No se necesitarían fotos, solamente este texto simple:

Este año los católicos darán millones de comidas gratis a los hambrientos y necesitados de nuestro país. No les preguntamos si son católicos…solo les preguntamos si tienen hambre.

Redescubre el catolicismo.

El punto es que nos hemos olvidado de nuestra historia, y al hacerlo, hemos permitido al mundo que la olvide también. Hemos permitido a los segmentos anti-católicos de la prensa distorsionar nuestra historia diariamente Nuestra historia no deja de tener manchas, nuestro futuro tampoco dejará de tenerlas. Pero nuestra contribución no tiene rival, y hoy, es más necesaria que nunca.

Meditación

¿Cuales son algunas de las historias católicas en mi comunidad…mi casa, parroquia, pueblo o departamento? ¿Que papel he tenido en estas historias?

Oración

Dios de la paz, tú me cuidas con un amor tierno que es profundo y verdadero. Este Adviento, mientras lucho con mis faltas y fracasos humanos, permíteme buscar consuelo en ti y ser reconciliado en tu paz. Mi alma descansa en tu bondad y misericordia.

Conozco a gente potente y poderosa, aparentemente. Conozco a gente pequeña, como un gusanillo, aparentemente. Cada vez me quedo más con estos últimos. Voy aprendiendo que la gente que cuida mucho su imagen y su apariencia, suelen tener abandonado su interior, sus raíces, su verdad. Y me confirma en preferir a los pequeños saber que nuestro Dios también los prefiere y se cuida de los gusanillos y las orugas de Israel… Porque es lo que somos: pequeños. Y así, paradójicamente, crecemos.

Juan bautista es buen ejemplo de ello: no ha nacido de mujer uno más grande, aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

¿Podrían decir esto de nosotros? No lo sé, pero al menos sé que me gustaría seguir esta senda. Ser pequeños y que la pequeñez no nos impida hacer grandes cosas, porque el mundo y nuestra Iglesia, necesita la grandeza de los pequeños. No tengo duda. Yo lo necesito y cada vez más prefiero a las oruguitas de Jacob que a los gigantes que nos amilanan con pura fachada. «El que tenga oídos, oiga».




«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa »


Lecturas del San Bartolomé, apóstol

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14)

 

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,45-51)

Desde 16 oct 2011

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