Tras la celebración anual del Misterio Pascual, la Iglesia tiene como más venerable hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones.

Con razón la liturgia dispone que sea celebrada la Octava de Navidad.

La celebración de las octavas siempre ha tenido una referencia escatológica: el octavo día introduce en la eternidad.

La liturgia vespertina es siempre de la Navidad.

En la liturgia de la mañana y en la Eucaristía, sin embargo, desde antiguo, se celebra la tríada de fiestas: las primicias del martirio (San Esteban), de la castidad consagrada (San Juan, apóstol y evangelista), y la inocencia los mártires de la historia (Santos Inocentes).

Son las tres coronas, según la predicación antigua, que la Iglesia ofrece al Señor que ha nacido por nosotros.

El último día, el día octavo, está dedicado a Santa María, Madre de Dios, como una profesión solemne de la divinidad de Aquél que por nosotros ha nacido.

La Liturgia de las Horas este día tiene un estilo litúrgico bizantino y las antífonas cantan el gran intercambio: Dios se ha hecho hombre para que el hombre participe de la vida de Dios, y la himnodia  latina es realmente admirable. Se canta el célebre himno: “Corde natus ex Parentis“.

Navidad comienza el día 24 de diciembre en la noche con la celebración de la llamada Misa de Gallo, que es la Misa de Navidad. A partir de ahí, por los ocho días siguientes, se celebra la Octava de Navidad. Esta celebración, que se hace extensiva por ocho días, es tomada de la costumbre judía de celebrar las fiestas religiosas más importantes —y el nacimiento de un niño— por este número de días simbólico para ellos. Por eso al igual que la Navidad la Pascua tiene su propia octava.

La Natividad del Señor celebra su primera venida, cuando Dios se hace pequeño y asume nuestra naturaleza humana. Ese día se puede celebrar tres Misas, según la antigua tradición romana, en la noche, a la aurora y en el día.

Después de la Natividad del Señor, la Octava se ordena de la siguiente manera:

El 26 de diciembre se recuerda a San Esteban, el protomártir, que dio la vida por anunciar a Cristo. Su vida podemos encontrarla en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

El 27 de diciembre se conmemora a discípulo amado, a San Juan, quien anunció desde su vivencia de fe que Dios es Amor. Para conocer su vida, pensamiento y apostolado podemos leer el Evangelio según San Juan y sus tres cartas apostólicas.

Los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, celebra la memoria de los niños a los que mató el ciego furor de Herodes por causa de Jesús, se puede ver en el Evangelio según San Mateo. La tradición litúrgica los llama “Santos Inocentes” y los considera mártires. La Iglesia recuerda este día la innumerable multitud de niños no nacidos y asesinados al amparo de las leyes que permiten el aborto.

El segundo domingo de Navidad, la Iglesia celebra a la Sagrada Familia. Nos dice el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: “El recuerdo de José, de María y del niño Jesús, que se dirigen a Jerusalén, como toda familia hebrea observante, para realizar los ritos de la Pascua, animará a que toda la familia acepte la invitación a participar unida, ese día, en la Eucaristía.”

Por último, el 1° de enero se celebra a María Madre de Dios. Y con esta Solemnidad termina la octava de Navidad.

Estas son las fiestas principales de la octava, aunque existen dos memorias que se pueden celebrar libremente. El 29 de diciembre, a Santo Tomás Becket, obispo y mártir nacido en Londres. Y el 31, a San Silvestre I, papa del siglo IV, que gobernó a la Iglesia bajo el reinado de Constantino el Grande.

El tiempo de Navidad no acaba el 1° de enero, sino que va hasta el lunes después del Bautismo del Señor Jesús.




«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa »


Lecturas del San Bartolomé, apóstol

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14)

 

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,45-51)

Desde 16 oct 2011

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