10 Entonces los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?». 11 El respondió: «Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; 12 pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre».

(Mateo 17, 10-12)

Reflexión

Es la tarea de la Iglesia introducirnos a nuestro destino al revelarnos el misterio de Dios, que es nuestra meta final y nuestro destino. Al decir “la tarea de la Iglesia” no me refiero al trabajo de tu sacerdote, obispo y los empleados de la parroquia. Tu y yo tenemos un papel que jugar en la Iglesia al igual que cualquier otro miembro. Tu papel puede ser distinto al mio o al del sacerdote, pero no es menos importante. Lo que es importante es que cada parte del cuerpo cumpla con su papel de la mejor manera que pueda.

Permítanme re articular mi punto de esa manera: Es tu tarea y la mía mostrarle a otros su destino al revelar el misterio de Dios para ellos. Es tu tarea y la mia ayudar a todos aquellos que se cruzan en nuestro camino a cumplir con su destino. Servir a otros de esta manera nos permitirá cumplir con nuestro propio destino. Esta es una de las brillantes y hermosas maneras como Dios nos ha amarrado a todos juntos.

Al abrazar la aventura de la salvación nos convertimos con cada esfuerzo más perfectamente como la persona que Dios nos creo para ser. Cristo le encomendó a la Iglesia que nos guiara y dirigiera a cada uno por su camino. Nuestro dialogo e interacción con la Iglesia esta diseñado para ayudarnos a escuchar la voz de Dios en nuestras vidas, vivir la vida a la que Dios nos invita y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Nunca olvidemos que la gente no existe para la Iglesia…es la Iglesia que existe para la gente.

Meditación

¿Cuál es mi destino? ¿Cómo puedo revelar el misterio de Dios para alguien más, y ayudarlos a encontrar su destino?

Oración

Dios de la paz, tu me cuidas con un amor tierno que es profundo y verdadero. Este Adviento, mientras lucho con mis faltas y fracasos humanos, permíteme buscar consuelo en ti y ser reconciliado en tu paz. Mi alma descansa en tu bondad y misericordia.

Dios nos restaura. ¡Qué buena noticia! Nos restaura sin forzar nada, sin violentarnos lo más mínimo. Sólo haciendo brillar su rostro sobre nosotros. Es una escuela de renovación y restauración. Ya contemplábamos el otro día que Dios lo hace todo nuevo, ¿no lo veis? Pero hoy da un paso más: además, te restaura.

Se nos invita también a nosotros a renovar desde aquí, desde la luz. Como Elías en el evangelio. Como Juan Bautista. Esta vez no se trata de hacer caer fuego y azufre sobre tanta imperfección y grietas como tenemos. Esta vez Dios renueva poniendo su Rostro cerca del nuestro. Como por contagio, por cercanía, por puro amor.

Y mi sensación es que a menudo no estamos preparados para tanta delicadeza y se nos escapa. No nos demos cuenta. No lo sabemos ver. Buscamos, preguntamos… como los discípulos en el evangelio de hoy. Y no vemos que la acción de Dios está aquí, que se hace presente cuando quiere, como quiere, a través de quien quiere.

Este Dios que nos quiere tanto que nos restaura, me recuerda una anécdota que leí sobre la gran poeta Gloria Fuertes. Cuando murió, al recoger sus cosas, encontraron una agenda donde decía: “en caso de accidente, avisar a Dios". Pues eso.




«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa »


Lecturas del San Bartolomé, apóstol

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14)

 

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,45-51)

Desde 16 oct 2011

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