FLOR: Hortensia VIRTUD: Gratitud INTENCIÓN: Reparación al Señor por las ingratitudes.

Día 14: María, Madre, tú sabías reflexionar y animar, sabías curar las angustias: enséñame la virtud de la prudencia y no dejes que me ahogue en un vaso de agua.
Te ofrezco: tener hoy pensamientos positivos y de esperanza.

Flor del 14 de mayo: Trono de Sabiduría

Meditación: “Quien me obedece no quedará avergonzado” (Eclesiástico 24,22). María llevó nueve meses en su Seno a La Sabiduría misma. De allí que sea Su Trono, siempre La sirvió y obedeció Sus designios. Por eso Ella es nuestra mejor consejera, oigamos y obedezcamos todo lo que nos ha mostrado y enseñado.

Oración: ¡Oh Madre de Dios, oh Madre del Salvador, oh Madre de la Sabiduría!. Haz que siempre obedezcamos la Voz de Dios, haciendo Su Santa Voluntad hoy. Amén.

Decena del Santo Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).

Florecilla para este día: Hagamos silencio interior y meditemos para discernir lo que realmente nos pide el Señor.

Adelfa

Mes de mayo

Día 14

Te damos gracias, Señor, por habernos dado como Madre a tu propia Madre. Nos la diste por Madre cuando expirabas en la Cruz y mirando al Apóstol Juan, tu discípulo amado, nos mirabas a cada uno de nosotros, al tiempo que nos decías: "Ahí tienes a tu Madre"(Jn 19, 27).

El don de la Madre es el zenit de tu amor por nosotros. Así lo has querido expresar públicamente al hacernos su entrega cuando habiendo amado a los tuyos que estaban en el mundo los amaste hasta el extremo (Cf Jn 13,1).

Tu amor hasta el extremo por nosotros ha quedado sellado eternamente con la entrega de tu propia vida y con la entrega de tu Madre. En esa entrega total se nos revela y manifiesta el amor sin medida del Padre que nos da al Hijo Unigénito y por Él, con Él y en Él nos colma de gracia y bendición.

La maternidad espiritual de María forma parte esencial del designio de amor de nuestro Padre Dios. A través de Ella, de su corazón maternal, se nos acerca el amor de las tres divinas Personas. Es como la fuente que nos regala el agua del manantial que es Dios-Amor.

El santo evangelio nos dice que "desde aquella hora el discípulo la recibió como suya" (Jn 19, 27).

María es nuestra Madre en el orden de la gracia. Es Madre de los redimidos y Madre de todos los hombres, porque con su sí a Dios en la Encarnación, asociada a los dolores y sufrimientos de su Hijo, y con la donación de Jesús en la Cruz como Virgen y Madre oferente ha contribuido a la restauración de la vida sobrenatural en las almas.

Si por Eva entró la muerte en el mundo, por María nos vino la vida. Por eso es nuestra verdadera Madre, lo será siempre. Es Madre de los que la aceptan y de los que la rechazan, de quienes la aman apasionadamente y también de los hijos que le corresponden fríamente.  Es Madre de los santos, quienes han recibido las gracias de santificación a través de Ella que es la distribuidora universal de las gracias, y es Madre de los pobres pecadores por los que Ella no cesa de interceder y actuar para alcanzar su conversión y su salvación eterna.

Te damos gracias, Madre y te bendecimos por tu amor maternal que nos acompaña a lo largo de todos los días de nuestra vida.

Te damos gracias por darnos constantemente a Jesús, fruto bendito de tu vientre, nuestro hermano y nuestro Salvador.

Te damos gracias porque como Madre nos enseñas con dulzura a corresponder al amor del Padre, a recibir a Jesús y ser sus discípulos, y a ser dóciles al Espíritu Santo que lleva a cabo en nosotros la obra de santificación y de transformación en Cristo.

Hoy te pedimos que acrecientes en todos nosotros el amor filial a Dios nuestro Padre y a Ti nuestra tierna Madre.

Un amor filial que nos mueva tener verdaderos comportamientos de hijos y de hijos muy amados.

Un amor filial que fortalezca también entre todos los lazos fraternos.

Un amor que no se quede en palabras vacías sino que se traduzca en frutos de vida cristiana, en frutos de vida eterna.

 

Fruto: el amor filial a María

14 de Mayo

Hoy, te rogamos prodigues el tesoro de tu misericordia, en favor de los que agonizan. ¡Oh dulcísima Vir-gen!, enjuga sus postreras lágrimas, consuela sus últimas angustias y haz que se duerman plácidamente en tus brazos maternales. Que reciban la gracia del arrepentimiento, el perdón de la Confesión, la fuerza de la Unción y el viático de la Eucaristía.

 

Obsequio: Rezar todas las noches por los moribundos, y preocuparnos de que nuestros parientes, veci-nos o compañeros de trabajo, vivan y mueran en Gracia de Dios. 

Día catorce

 

I. La mayorana. – Moradux

 

1. Tenemos para este día una yerba que va entre pies. Se planta por los senderos de los jardines, y aunque sea a la vista despreciable, pero su olor es muy fino y fuerte, y si la pisan y la aplastan, es precisamente entonces que da su gran fragancia. No tiene la belleza de la rosa, pero su reina la toma a su lado por camarera para formar con ella coro, corte y ramillete.

 

II. La obediencia

 

2. El que obedece está a los pies del que manda, recibe de él la presión, y cuanto más duro es el precepto, la mayorana despide y manifiesta más la fragancia de su fidelidad, de su humildad y de su sumisión. El que obedece, está como la mayorana a los pies y entre pies del que en nombre de Dios manda; y arrodillándose para recibir el precepto, la orden y la ley, manifiesta el respeto que tiene a la autoridad de quien lo recibe. La obediencia es un tributo de sumisión que damos a los respectivos superiores, y es una virtud mediante la que nos rendimos y sujetamos a todos nuestros superiores, a cada uno dentro del círculo de su respectiva jurisdicción.

 

III. La obediencia de María

 

3. María obedeció como hija fiel y leal a santa Ana y a san Joaquín, a los sacerdotes y maestros en el templo, a José en su casa, a Jesús como Dios, como Pontífice de los pontífices y Rey de los re yes: obedeció a ciegas, humilde , dócil, afectuosa, de buena voluntad y de buen corazón, como si fuese la más baja de todas las criaturas. Obedeció al Angel y a Dios en todo cuanto se le mandó, y obedeció a Dios que mandó como a Abrahán sacrificar a su Hijo amado, y porque obedeció, fue digna de ser exaltada.

 

IV. La mayorana en manos de María

 

4. Hagamos examen de nuestra obediencia. ¿Obedeces a Dios? ¿oyes y sigues sus inspiraciones? ¿obedeces a la Iglesia y a sus pastores? ¿obedeces a tus confesores? ¿obedeces a todos aquellos a quienes Dios ha puesto sobre ti para gobernarte? Si obedeces ¿cómo? ¿voluntariamente y de buen grado y con gozo, sea el precepto duro o ligero, sea fácil o penoso? ¿te dejas pisar como la mayorana? Cuando un superior te reprende ¿das perfumes de humildad, o bien te conviertes en un espinal erizado por tu soberbia? ¿obedeces bien? Piénsalo, medítalo, y mira que, si no te sujetas, si no te rindes, si no obedeces, serás como rebelde lanzado con los ángeles soberbios al infierno. Resuélvete a obedecer y a obedecer bien; toma la mayorana, adorna con ella la rosa, y, presentando a María tu obediencia, dile: Presentación de la mayorana a María

 

ORACIÓN . Señora: Pongo mi mayorana en vuestras manos . Yo me comprometo a obedecer humilde, dócil, con amor, voluntariamente, sin murmuración ni quejas, con prontitud y fidelidad a Dios y a cuantos representan su autoridad. Jardinera mía, a vuestra habilidad y a vuestra maternal solicitud fío mi mayorana: cuidadla bien.

DÍA 14

¡Oh Virgen de Nazaret! El “sí” que pronunciaste en tu juventud marcó tu existencia y llegó a ser grande como tu misma vida. ¡Oh, Madre de Jesús!, en tu “sí” libre y gozoso, y en tu fe activa, muchas generaciones y muchos educadores han encontrado inspiración y fuerza para acoger la palabra de Dios y para cumplir su voluntad. ¡Oh, Maestra de vida!, enseña a los jóvenes a pronunciar el “sí” que da significado a la existencia y hace descubrir el nombre escondido por Dios en el corazón de cada persona. Amén.