FLOR: Azahar VIRTUD: Sinceridad INTENCIÓN: Que no nos engañemos a nosotras mismas.

Día 20: María, Madre, que guardabas la Palabra del Señor en tu corazón, ayúdame a comprender la Escritura y a guardarla en mi corazón.
Te ofrezco: leer un párrafo del Evangelio y meditarlo.

Flor del 20 de mayo: María Corredentora

Meditación: Llegaron los días del Calvario para el Hijo, el Cristo…y también para la Madre. Cristo se entrega, María se entrega y entrega al Cordero de Dios en oblación de amor. ¡Qué dolor!. La Madre sigue el rastro de la Santa Sangre en la calle de la amargura, el Gólgota. Busca en su Dulce Jesús la preciosa mirada del Niño que alguna vez acunaba. El Cristo, su Cristo es una sola Llaga…y la mirabaÂ…su Corazón traspasado, también Sangre derramaba al ver la tragedia Sagrada, veía los Clavos como taladraban aquellas Manos que un día la acariciaban…y aquellos Pies que tanto caminaron sanando y santificando la tierra seca fruto del pecado. Ella que escuchó Sus primeras Palabras también las últimas escuchaba…y Su última mirada…a Su Madre amada sólo Amor confesaba…Su último latido, el de su Niño que había perdido. El Padre le pidió lo que Abraham ofreció, pero Ello tomó ese cáliz y lo bebió hasta el final. Perdón María porque sola te dejamos, porque no queremos nuestro pequeño calvario, perdón por preferir sólo vivir para mí, lleno de egoísmos y de vacíos, perdón por decir que mi cruz es pesada, si tú por mí haz sido también clavada…clavada espiritualmente la Madre, clavado en Su Cruz el Hijo, y todos esos Clavos debieron ser míos.

Oración: ¡Oh María Dolorosa, Oh Madre Corredentora!. Hazme un alma piadosa que esté junto a tí en el Calvario y permíteme participar del dolor de la Cruz para ser como tú, para asemejarme al Rey, y así poderlo ver. Amén.

Decena del Santo Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).

Florecilla para este día: Meditar sobre nuestro destino de corredención junto a la Madre, que nos enseña el camino de la Cruz y nos invita a recorrerlo junto a Su Hijo, Jesús, como Ella lo hizo. 

Calas

Mes de mayo

Día 20

No reparamos lo suficiente en que nuestra vida cristiana, la vida sobrenatural y divina que nos fue infundida en el santo bautismo, es eso: vida.

La vida cristiana al igual que toda forma de vida y todo cuanto existe tiene su origen en Dios que es la fuente de la vida. ¡Dios es la Vida! De sus manos ha salido todo cuanto existe.

Sin embargo, Dios ha querido hacer partícipe al género humano de su misma vida, la vida divina.

Es a esta vida divina a la que Jesús se refiere cuando dice a Nicodemo: "Yo te aseguro que el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo repuso:

 ¿Cómo es posible que un hombre vuelva a nacer siendo viejo? ¿Acaso puede volver a entrar en el seno materno para nacer de nuevo?

Jesús le contestó:

Yo te aseguro que nadie puede entrar en el reino de Dios, si no nace del agua y del Espíritu" (Jn 3, 3-5)

Esta vida nueva fue infundida en nuestra alma cuando recibimos el santo bautismo. Mediante él fuimos engendrados por el Espíritu y renacidos a la vida sobrenatural.

En ese nuestro renacer tuvieron parte María como Madre  y el Espíritu Santo como Señor y dador de vida.

Resulta que la vida divina es, por decir de alguna manera, nuestra vida más importante, nuestra vida verdadera, porque es vida eterna.

La vida terrenal, física, es perecedera y temporal. La vida divina no se acaba.

Pero nosotros, infelices, cuidamos y nos desvivimos por nuestra vida terrenal, por nuestras necesidades físicas y descuidamos la vida verdadera.

¡Es una aberración! Pero nos comportamos de esa forma irracional y temeraria.

María, nuestra Madre, cuida de nuestra vida sobrenatural. Intercede ante el Espíritu Santo para que con su luz y sus mociones nos haga ver la verdad y nos mueva a cuidar con mimo la vida divina que hay en nosotros.

María nos da ejemplo de prudencia, de responsabilidad, de cordura. Como Madre y Maestra nos enseña a ir a Jesús, porque en Él está la fuente de la vida eterna: "el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed. Porque el agua que yo quiero darle se convertirá en su interior en un manantial del que surge la vida eterna" (Jn 4, 14)

Dios pone a nuestra disposición todos los medios necesarios para que podamos crecer y desarrollar la vida sobrenatural.

Esos medios Jesús los ha entregado a la Iglesia para que ella nos los dispense y así nuestra vida eterna esté asegurada.

Pidamos a María que no deje que despreciemos ni descuidemos esos medios. Que no seamos tan inconscientes como para poner en peligro la vida sobrenatural que es el fruto de la muerte de Cristo por nosotros. Él murió y resucitó "para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud"( Jn 10, 10).

Triste y dura es la queja de Jesús: "vosotros no queréis aceptarme para tener vida eterna"( Jn 5, 40).

Por eso, nuestra Madre nos urge: "Haced lo que Él os diga"(Jn 2, 5). Porque como Madre no puede querer otra cosa que el crecimiento de nuestra vida sobrenatural.

María como Madre no permanece indiferente a nuestro destino eterno. Ella quiere que vivamos eternamente. Que la vida que Ella engendró salga adelante y llegue a buen término. El Señor nos ha confiado en sus manos maternas. No soltemos su mano. No nos alejemos de Ella. Acojamos sus llamadas maternales. Recurramos a Ella en las tentaciones, peligros y cansancios.

María quiere que acudamos frecuentemente al Sacramento de la Penitencia y a  la Sagrada Comunión. Que dediquemos cada día un tiempo para la oración. Que dediquemos tiempo a adorar a Jesús presente en la Sagrada Eucaristía. Que leamos y meditemos la Sagrada Escritura. Que recemos el Santo Rosario. Que hagamos lectura espiritual.

María quiere, en fin, que pongamos más interés en el crecimiento y cuidado  de nuestra vida sobrenatural que aquél que ponemos para cuidar nuestra vida física y terrenal.

Frutos: Poner los medios para el crecimiento de nuestra vida sobrenatural

20 de Mayo 

Hoy, te pedimos dulce Madre, derramar el manantial de tus misericordias sobre tantos Sacerdotes que, llevando su abnegación, hasta el heroísmo, sacrifican su patria, su hogar y aun su misma vida, para llevar a los pueblos salvajes, la luz sacrosanta del Evangelio; bendice, ¡oh Madre!, sus trabajos, multiplica su celo y dales consuelos en medio de su abnegación.

 

 

Obsequio: Rezar todos los días al comenzar nuestro trabajo un Avemaría por los sacerdotes, y a la vez ofrecerlo por su apostolado.  

Día veinte

 

I. Clavel color blanco salpicado carmesí y la zamba

 

1. La zamba es una yerba cultivada en todos los jardines como odorífera y muy aromática. No tiene flor, pero unida a la familia de los claveles, los adorna, y éstos la embellecen a ella.

 

II. La perseverancia

 

2. Si las penas y contradicción, que por causa de Dios y de la virtud nos vienen, son de larga duración; si continúan hasta la muerte, para perseverar en la presión de las pruebas hasta morir, necesitamos otra especial virtud perteneciente a la fortaleza y se llama perseverancia. El martirio es su acto principal y el más noble y heroico, y es sufrir con firmeza hasta dar la vida por Dios. Hay claveles que se presentan de color blanco, salpicados de sangre; éstos son los más propios para simbolizar esta virtud; pero como en la presión y en la tribulación se hacen actos de ella, necesitamos otra yerba que dé sus perfumes cuando la pisen y compriman: tal es la zamba (toron - jina); y por esto forma con claveles un hermoso y fragante ramillete.

 

III. La perseverancia en María

 

3. Desde su inmaculada concepción hasta la encarnación sufrió porque nos veía sin redención. Bajado a su seno puro y virginal el Redentor, sufrió la persecución por causa de su Hijo. Muerto Jesús, sufrió la persecución que vino sobre la Iglesia, recién nacida, y sufrió con igualdad de alma hasta la muerte y sufrió por nosotros un martirio espiritual que duró toda su vida, y le sostuvo con un ánimo siempre grande, varonil y heroico.

 

IV. [sin título]

 

4. Una pena prolongada muchos años y durante la vida entera del hombre, pone en último apuro y apura su paciencia; prueba su constancia, su firmeza y su valor Examina bien tu conciencia, y ve qué haces, y cómo te portas en la prolongación de una tribulación venida por causa de la virtud. ¿Vuelves atrás? ¿aflojas? ¿reniegas del bien principiado? ¡Ah! no busques esta flor sino en un jardín bien cuidado y cultiva d o. Venida la tribulación, y prolongándose ésta, ¿eres constante y lo fueras hasta morir? Medítalo bien y si no estás en esta buena disposición, te falta esta virtud; búscala, prepárate con tiempo y al presentar tu flor dirás a tu Reina: Presentación de la flor

 

ORACIÓN. Señora: Ahí tenéis mi ramillete como señal de mi firmeza y constancia en sufrir y sufrir hasta dar la vida por Vos. Mi vida os pertenece y mi sangre; os la ofrezco. Yo os prometo perseverar firme en vuestro servicio hasta la hora de mi muerte. Aceptad mi ofrenda.

DÍA 20

¡María Santísima! Hoy quiero consagrarme a Ti, consagrarte mi familia, y de manera especial, mi querida patria peruana, a tu Inmaculado Corazón.

Madre de amor y de misericordia, haz de nuestra Nación la morada perfecta para que reine tu Inmaculado Corazón, a fin de que, a través del amor maternal que en él reside, encontremos la paz, la unidad y la conversión que tanto necesitamos.

No nos desampares Reina de Perú. Amén.