FLOR: Camelia VIRTUD: Amabilidad INTENCIÓN: Pide al Señor para que nos portemos siempre con amabilidad.

Día 23: Como decía san Luis Mª Grignon de Monfort: «Cuando el Espíritu Santo, su Esposo, encuentra a María en un alma, vuela allá, entra en ella de lleno y se le comunica abundantemente».
Te ofrezco: repetir durante el día la jaculatoria: «Ven, Espíritu Santo».

Flor del 23 de mayo: María, la alegría del Pentecostés

Meditación: El gran día del Pentecostés llegó y el Espíritu Divino descendió cubriendo a todos con el Fuego del Amor y la Purificación, de Dones los llenó y María llena de alegría vio a los discípulos de su Divino Hijo así bendecidos. Espiritual alegría debe tener toda alma, cuando vea descender Gracias del Cielo sobre sus hermanos, anticipando para Gloria de Dios y bien de la Iglesia, la gran Fiesta.

Oración: ¡Oh Virgen Santa, Madre de alabanza, que descienda sobre todos tus hijos el Espíritu Divino, para que seamos guiados por El y veamos al Rey!. Amén.

Repetir tres veces: Ven Espíritu Santo, ven, por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, Tu Amadísima Esposa, ven.

Decena del Santo Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).

Florecilla para este día: Invocar a través del Inmaculado Corazón de María, Esposa del Espíritu Divino, la venida del Santo Espíritu sobre nosotros.

Las Camelias

Mes de mayo

Día 23

Es en el invierno que los camelios nos regalan su flor. Cuando la naturaleza parece estar muerta por la crudeza del invierno las camelias vienen a alegrarnos con su delicada belleza.

Así también nuestra Madre María se hace especialmente presente a nuestro lado cuando llega el rígido invierno a nuestra vida y a nuestro corazón.

María nos acompaña en los momentos de tribulación y de angustia, en las circunstancias duras y difíciles cuando nos vemos sumidos en la noche del dolor. María nos hace notar su presencia maternal en las horas de amargura y llanto.

Ella es la Madre que viene a derramar el bálsamo del consuelo y de la dulzura sobre nuestras llagas y heridas.

Es especialmente en esas horas de dificultad que resuenan en lo íntimo del corazón las palabras que Cristo nos dirige a cada uno con amor inmenso: "Hijo, ahí tienes a tu Madre"(Jn 19, 27)

A lo largo de la historia los cristianos y la Iglesia no han dudado en acudir a María en los momentos de especial dificultad, y la Madre siempre ha escuchado el clamor de sus hijos mostrándose como Auxilio, Socorro, Abogada y Mediadora nuestra ante su Hijo.

En el invierno de las almas y de la Iglesia, Ella ha hecho y hace florecer siempre su ternura maternal.

San Luis María Grignion de Montfort dice  que "María debe resplandecer más que nunca en misericordia, en poder y en gracia, en estos últimos tiempos".

No es extraña esa convicción del Santo de la Verdadera Devoción y de la Santa Esclavitud mariana.

María resplandece hoy más que nunca en misericordia porque la debilidad de sus hijos es extrema al diluirse la conciencia de pecado, al crecer y fortalecerse las estructuras de pecado, al apagarse la luz de la fe en muchos corazones, y al vivir sumergidos en un ambiente en el que la tentación y el pecado acechan con especial virulencia a los hijos de Dios.

Esta Madre misericordiosa nos llama constantemente a que nos volvamos a Dios, a que no dudemos de su perdón y de su gracia, a que nunca desesperemos de alcanzar la salvación eterna por los méritos y por la gracia de su Hijo.

Hoy María se manifiesta especialmente pendiente de los pobres pecadores con el firme propósito de que no se pierda ninguno de sus hijos. Para cada uno de ellos tiene Ella preparado el bálsamo de la misericordia y de la compasión.

María resplandece ya hoy con un poder especial que el Señor le ha otorgado para pisar la cabeza de la serpiente infernal.

En la medida en que crece el poder del Maligno sobre el mundo, en mayor medida aún crece el poder otorgado por Dios a la Mujer vestida de Sol. Es de esta forma que Dios quiere humillar y vencer al Maligno mediante su humilde sierva, la criatura elegida para ser Madre de Dios y de los redimidos.

¡Esta es la hora de María! La hora en que hemos de permanecer a su lado, bajo su protección, pendientes de sus labios y de su corazón inmaculado.

María resplandece, en fin, más que nunca en esta hora en gracia para fortalecer a sus hijos frente a las embestidas del Mal.

Ella es la Distribuidora universal de las gracias, de esas gracias que necesitamos para salir vencedores de cada una de las batallas de Dios; vencedores de los terribles asaltos a nuestra fe.

En nuestra Madre encontraremos la misericordia, el poder y la gracia que necesitamos para perseverar hasta el fin y salvarnos.

 

Fruto: Vivir unidos a María nuestra Madre

23  de Mayo

Madre nuestra, hoy, por el amor sin límite que profesas a Jesús Eucaristía, te pedimos comuniques a quienes lo reciben en la Sagrada Comunión, las disposiciones que necesitan para acercarse a recibir a Jesús en el Sacramento del infinito Amor. Socorre también a la iglesia de hoy  para que mantenga y fo-mente en los fieles católicos el debido respeto a la recepción de la Sagrada Comunión.

 

Obsequio: Confesarnos frecuentemente para mantener limpia nuestra alma a fin de poder recibir siempre la Sagrada Comunión. Nunca dormir en pecado mortal.

Día veintitrés

 

I. Violas simple y doble, color blanco

 

1. El que contemple atentamente la viola blanca doble y la sencilla verá en la primera todas las cualidades de una verdadera flor, con la circunstancia de presentarse la primera abierta a nuestra vista. Cándida como la nieve, apiñadas sus flores en muchos ramos, abundante, duradera, no delicada, bella y de unos perfumes aromáticos muy gratos al olfato. ¿Quién no ve aquí? 

 

II. La castidad y la virginidad

 

2. La viola blanca simple nos enseña la castidad, y la doble la virginidad. La castidad sigue todos los estados considerada en sentido común, esto es, dentro de las reglas de la templanza. El soltero y soltera han de ser castos, como también el casado y la casada, el viudo y la viuda. La viola blanca doble tiene su castidad en la candidez de su flor: ésta es pura como la luz, blanca como un bollo de nieve: es virgen y madre. ¿En qué? Es virgen, no tiene semilla, sino flor, y cuando una flor cae, va a producir como la sencilla semilla: pero ¡oh prodigio de la naturaleza! una flor produce otra flor: de una flor sale otra y de ésta otra. Una virginidad concibe, y su semilla es una flor y no una planta sino una virginidad, y la Madre virgen es pura y no pierde en el parto su pureza. Si la viola virgen, cual es la doble, se acerca a otra sencilla, toca sus raíces y la fecundiza, esto es, le da virtud para producir violas vírgenes como ella, violas dobles, violas cuyas flores dan por semilla otra flor. ¿Quién no ve aquí la virginidad, la maternidad y la fecundidad en un mismo ser?

 

III. La castidad y la virginidad de María

 

3. María virgen, como la viola blanca doble, concibió una flor: nació esta flor y fue virgen Jesús como su Madre; y la Madre no perdió su pureza ni en la concepción ni en el parto. María era hija de Dios virgen. María fue hija de una virginidad, y, sin perder jamás su pureza, produjo otra virginidad; y en la fecundidad de madre quedó siempre virgen.

 

IV. La castidad y virginidad a María

 

4. Examina bien tu jardín y mira cómo están las violas de color blanco. Hoy la Madre virgen te pide, como emblema de tu castidad, un ramillete de violas. Si no tienes de dobles, dale las sencillas, y dile:

 

Presentación de la pureza

 

ORACIÓN. Madre virgen la más pura entre las criaturas, recibid este ramo en flor: os doy un corazón resuelto, determinado y dispuesto a guardar castidad dentro de las reglas de la templanza y de las leyes de mi estado o profesión: recibid, purísima doncella, recibid esta mi flor, y a vuestro maternal cuidado confío la planta destinada a producirla: cuidadla bien.

DÍA 23

¡Reina del cielo y de la tierra! ¡Madre del soberano Señor del Universo! ¡Criatura la más sublime, excelsa y amable!.

Es verdad que muchos ni te conocen ni te aman, pero miríadas de ángeles y santos en el cielo te aman y no cesan de cantar tus alabanzas; y aún en la tierra ¡cuántos felizmente se consumen en tu amor, y andan de tu bondad enamorados!.

¡Ojalá te amara yo también, mi amable Señora! Amén.